jueves, 26 de julio de 2012

Gerard Ström, infancia II

Fui llevado hasta la capital, Du'Lucart. Durante el viaje imperó el silencio, pude fijarme bien en las personas que me habían sacado, todas llevaban unas largas capas grises con los bordes la gran mayoría plateados, menos los de la joven que me llevaba a mi, los cuales eran dorados.
Una vez llegamos a la ciudad nos dirigimos al centro, pero era extraño, parecía que nadie se fijaba en nosotros, era como si para esas personas no existiéramos. Cuando nos pusimos en fila es cuando descubrí que no era el único al que habían sacado del orfanato, también nos acompañaba una niña. Nuestros ojos se encontraron, tenía miedo, mucho miedo, intente tranquilizarla con la mirada y mi expresión, conseguí que dejara de llorar. Siempre se me han dado bien las personas, supongo que es un don que me dieron... perdón, mejor dicho es un don que había adquirido por supervivencia.
Pude identificar a mi compañera, era Veronica, una joven más o menos de mi edad, quizás algo más joven que yo, rubia y su cara parecía la de una muñeca, aún estando en el lamentable estado en el que se encontraba, era hermosa. Puede que mis palabras se guíen por mis recuerdos posteriores, pero aunque así fuese Veronica siempre ha tenido otro don, un don que si le fue dado de nacimiento, la belleza.
Llegamos al centro de la ciudad, donde se erigía un enorme palacio como jamás había visto. La mujer que me había sacado del sótano nos acompaño a mi y a Veronica por los pasillos. Veronica me agarraba de la mano, como si yo no tuviese el mismo miedo que ella, pero estaba absorto mirando a mi alrededor para decirle nada. Estatuas que se movían solas nos rodeaban, luces que no salían de ninguna vela o lampara al menos visible, numerosos cuadros que brillaban o cambiaban de forma., jamás había presenciado nada igual en el orfanato. No paso mucho tiempo hasta que nos detuvimos delante de dos grandes puertas doradas, adornadas por lo que parecía un reloj en el centro dando vueltas, aunque un reloj un tanto extraño.
Las puertas se abrieron, y una larga alfombra roja se extendía hasta un trono en el que se encontraba sentado un hombre de mediana edad, con el pelo castaño y los ojos azules, y a su lado un animal grande y negro tumbado, Veronica al verlo me agarro más fuerte, realmente estaba muerto de miedo.
-Bienvenida Green, veo que has cumplido tu trabajo- Dijo el hombre levantándose del trono.
Se acercó a Veronica y la examino- Hola preciosa, mi nombre es Lucanor Giovanni y a partir de ahora seré tu nuevo padre- la expresión del hombre parecía sincera, pero seguía dando miedo. Veronica asintió tímidamente.
- ¿Y este joven?- preguntó a Green mirándome.
- Estaba encerrado en el subsuelo del orfanato, Señor. Sentimos que tenía aptitudes de combate, Señor.- Respondió la mujer sin levantar la cabeza.
- Avanza hacia mi joven, ¿cual es tu nombre?
- Gerard, Señor- Si la mujer que me había rescatado lo llamaba de esa forma, y con el miedo que sentía no iba a ser yo el que no lo hiciese.
- Interesante Gerard- dijo ya poniendo sus manos sobre mis hombros.- Eres un chico fuerte, ¿quieres quedarte junto a tu compañera y a la mujer que te ha rescatado?
- Si, Señor, no tengo sitio a donde ir, Señor.- Tenía tanto miedo, que no podía dejar de decir señor cada pocas palabras.
- Bien, puedes quedarte entonces, parece que seras de utilidad en el futuro Gerard, además harás compañía a la joven Veronica. Green, te encargaras de su formación y adiestramiento, será tu prioridad.
- Como ordene Señor.
- Bien pues podéis salir.
Green nos agarró de los brazos y nos indicó que saliésemos. Andamos por los pasillos por los que habíamos ido anteriormente, hasta salir del palacio. Una vez fuera andamos por algunas calles, la gente parecía feliz, había muchos comerciantes, y todos parecían que iban más o menos bien vestidos. Llegamos a una valla de metal cubierta por unas enredaderas, hasta que una puerta se abrió delante nuestra, una persona vestida con traje de chaqueta nos saludó:
-Señorita Rayne, ¿preparo una habitación más?
-Si Alfred, tenemos un invitado inesperado.
Cruzamos el patio, era enorme y había numeras cosas hermosas, pero lo que más me llamo la atención fue una estructura situada a la derecha de la casa, construida de piedra y con unas puertas enormes negras, pero no pregunte nada por miedo. Lo cierto era que desde que habíamos salido del palacio de Lucanor, no habíamos mencionado ni una palabra ni Veronica ni yo.
Entramos en la mansión, y Green se volvió hacia nosotros:
-Acompañar a Alfred para que os lave y os de ropa nueva, después cenaremos y os explicaré que ha pasado.
De esta forma seguimos al mayordomo canoso, y algo mayor por las escaleras principales de la casa, hasta el baño donde nos aseamos y nos cambiamos. Alfred era amable y cariñoso, con el paso de los años le he echado de menos.

miércoles, 25 de julio de 2012

Gerard Ström, infancia

A pocos meses de que mi vida acabe con solo 27 años, he decidido escribir mis memorias, aunque no se si me dará tiempo de hacerlo.
Mi historia está llena de dolor, traición, aventuras, magia, amigos, enemigos, etc. Todo lo que un lector podría desear. Pero especialmente se la dedico a aquellos que algunas vez hayan pasado por algunas de las situaciones que he pasado yo.
Empecemos por mi infancia. Nací en Lucrecio, en un orfanato situado en las montañas, en donde siempre había nieve. Mi madre era una niña de poco más de 14 años cuando me dio a luz, o por lo menos eso me dijeron. No se si murió en el parto, si la mataron, o si simplemente escapó de aquel infierno, sea lo que fuese lo que le paso, no la puedo culpar.
De los primeros años no tengo recuerdos, mis recuerdos empiezan a los 5 años más o menos, y la verdad es que no son nada gratos. En el orfanato no había camas, dormíamos en el suelo acurrucados unos con otros, éramos usados como esclavos, trabajamos de sol a sol, curtiendo cuero, tejiendo ropas, y haciendo cosas peores. La comida era la suficiente como para que no muriésemos, pan y agua principalmente, y una vez a la semana algo de legumbres y el caldo que sobraba nos los daban durante varios días.
Pero todo eso no era nada con lo que me esperaba. Cuando tenía 7 años mi cuerpo empezó a brillar de un  azul mezclado con betas blancas, y todo lo que estaba a mi alrededor se empezó a congelar. A partir de ese momento mi vida en el orfanato fue un verdadero infierno. Me encerraron en el sótano del edificio, todos los días me daban palizas con palos, tiras de cuero o lo que encontraran oportuno, mi ración de comida fue sustancialmente reducida, y mis manos estaban encadenadas con grilletes.
De esta forma pasó un mes, cuando pensaba que iba a morir ocurrió algo que cambiaría mi vida por primera vez, el orfanato fue atacado. Empece a escuchar un montón de ruido, gritos, empezó a hacer calor, mucha calor, y se escuchaban muchos pasos por los pisos superiores. No tenía fuerza para gritar, solo tenía la esperanza de quien fuera que me salvara o me matara. Y en ese momento la vi por primera vez, la mujer que me salvo la vida y me dio otra, Green Rayne, miembro de la wissenschaft.
-Ven conmigo, iremos a un lugar mejor- En ese momento las cadenas quebraron y fui libre, o eso creí por mucho tiempo.

lunes, 5 de diciembre de 2011

La comida


Comimos juntos, en un absoluto silencio, el mío causado por las innumerables preguntas que llenaban mi mente y por la cara angelical de Angeline, el de ella posiblemente por pura timidez o quizás por la expresión de mi cara, que seguro estoy que no reflejaba tranquilidad.  Ella comía con avidez, no se lo reprocho pues tenía pinta de llevar días sin comer, o por lo menos sin hacerlo en condiciones.

Terminamos de comer, un poco de estofado con conejo, algunas frutas frescas y un poco de vino. Recogí todo con el mismo silencio en el que había transcurrido la comida. Cuando finalmente había terminado, Angeline estaba de pie:

-Gracias por todo, ha sido una comida esplendida. Siento no tener nada para recompensar tu amabilidad, y sobre todo siento haberte intentado robar.-  La cara de Angeline se ruborizó un poco, mostrando un signo de vergüenza.

No sabía que decir, no trataba con una persona más allá de un trueque comercial desde que mi abuelo murió. Me quedé de pie, sin moverme, sin poder mirarle directamente a los ojos. Me sentía estúpido.

-No te molesto más,  de verdad que no sé como mostrarte mi gratitud…- Dijo cada vez con voz más tenue.- Adiós…

Fue esa palabra la que hizo que saliera de mi ensimismamiento, no quería que se marchara, quería hacerle las mil preguntas que me rondaban la cabeza, quería disfrutar por primera vez en tanto tiempo de la simple compañía de una persona, no quería que siguiera malviviendo por aquellos peligrosos bosques. Se estaba dando la vuelta, se dirigía hacia la puerta, cuando atiné a separar mis labios:

-Es…Es…¡Espera!

Sin darse la vuelta me respondió.- ¿Si?

-No tienes porque irte, es decir, si quieres…- Mis palabras eran torpes y salían de mi boca a tropezones.

-¿De verdad?- Dijo entrecortadamente.

-… Si…

Se dio la vuelta, sus ojos estaban anegados en lágrimas, sus mejillas enrojecidas, y sus labios sonreían felices.


lunes, 6 de junio de 2011

La llegada de Angeline

Estaba cazando como de costumbre, en el bosque escondido entre los matorrales, con mi arco preparado, apuntando a un conejo. Esperé el momento justo para soltar la cuerda, expirando, como me habían enseñado. Rápidamente se escuchó el impacto, había conseguido mi comida al primer intento, no estaba nada mal, de esta forma tendría tiempo de leer o dar una vuelta. Fui a soltar el conejo en mi cabaña, cuando me di cuenta de que algo estaba mal, la ventana estaba abierta y yo nunca habría cometido ese fallo. Deje mi presa escondida cerca de la cabaña, y reptando me acerque . Me asome un poco por la ventana y vi una figura de espalda, parecía una mujer, por lo menos la forma del cuerpo lo era y su pelo era largo y rojo. Aprovechando que estaba de espalda me incorporé y la apunté con mi arco y di el aviso:

-Levanta las manos y date la vuelta despacio, no quiero hacerte daño, pero tendrás que decirme que haces en mi hogar.

Levantó las manos y se dio la vuelta. Era bella, joven, de mi edad más o menos, estaba pálida, sucia, parecía que llevara deambulando por el bosque mucho tiempo.

-¿Eres el dueño de la cabaña?, lo siento...- dijo con voz tímida- Hace días que no como y solo buscaba algo de comida, me iré enseguida y perdón por intentar robarte.

Su voz era suave, no suelo tener mucho trato con la gente pero en su mente vi algo que hizo que pudiera confiar en ella, tampoco era una humana normal, tenía algún tipo de poder según había podido ver. Además viéndola más de detenidamente, no podía negar que me gustaba. Baje el arco y guarde la flecha.

-No te preocupes, te entiendo, no es fácil sobrevivir por estos bosques. Puedes quedarte, he cazado algo antes, puedes comer conmigo... si quieres claro...
Creo que tendría que estar yo un poco rojo, porque con una risita tímida ella aceptó la invitación.

-Por cierto, mi nombre es Verni, ¿y el tuyo?- dije para aliviar el ambiente.
-Angeline- dijo sonriendo.

La historia de Verni. El comienzo

Mi nombre es Verni, mi historia comenzó hace ya muchos años en un pequeño pueblo de Nanwe. Al principio todo era normal, corría y jugaba por las calles de la aldea con los demás niños, pero un día el grito ahogado de mi madre me despertó. No sabía lo que pasaba, pero mi madre salió corriendo de mi cuarto, mi padre se asomó e imito a mi madre. Empecé a llorar, mis padres se asustaban de mi, de su propio hijo. Hasta que entró mi abuelo y me llevó con el. Desde entonces me he criado bajo su tutela, y no tarde mucho en descubrir porque mis padres huyeron aquel día...

No soy lo que se puede decir una persona normal, mis pies no siempre son pies, digamos que algunas veces son garras, y me salen alas... Mi cuerpo puede cambiar y desarrollar estas aptitudes excepcionales, mi abuelo dice que somos conocidos por el nombre de “Cambiantes”. El también lo es, pero el no tiene alas, sin embargo, pese a su edad no he visto a nadie más rápido y ágil que el.

Mi abuelo y yo vivíamos en una pequeña cabaña en medio del bosque, allí me entrenaba y me educaba dentro de sus posibilidades. Además cuando tenía 10 años empecé a desarrollar otra aptitud de la que nunca le había escuchado hablar a mi abuelo. Empezaba a escuchar sus pensamientos sin querer, siempre tuve miedo de decírselo, fuese a ser que se enfadara y me abandonara, y era lo único que tenía por aquel entonces.

Hoy tengo 17 años, mi abuelo murió hace 1 año, ha sido un duro golpe para mi, pero el me enseño a ser fuerte y a valerme por mi mismo. Se cazar, esconderme, fabricarme mi propia ropa, todo lo necesario para no alejarme del bosque. Entiendo que los humanos normales me tengan miedo, yo en su situación también lo tendría. Por eso evito las aldeas o el contacto prolongado con personas. Además, no me gusta lo que piensan muchos de ellos.  

domingo, 23 de mayo de 2010

El principio...

Mi nombre es... irrelevante, soy un renegado, un paria dentro de los parias, un cazador de seres sobrenaturales, o mejor dicho, ex cazador de aquello que llamamos sobrenaturales.
Hoy os contaré mi historia, mi historia de como cambié mi forma de pensar, de como los mios renegaron de mí, de como llegué hasta donde estoy...
Mi nombre es Alexander Manfredi, y aquí comienza mi historia...

sábado, 22 de mayo de 2010

Final (II parte)

Alli estaba, a pocos metros de mi, después de tanto tiempo, pude ver el resplandor de sus ojos, negros como el azabache, lo siguiente fue su pelo, sus mechones perfecto que caian a los lados de su cara, y finalmente pude contemplar su rostro, con las suaves lineas de sus mejillas, su piel grisacea, lo único que echaba de menos en él, era su expresión, la felicidad en ese rostro, un sonrisa amable. En vez de esa sonrisa lo que puede apreciar en él fue un signo de asco hacia mi, pero me daba igual, no podía responder más que con mi sonrisa de alegría.
-No te podías haber quedado en tus cielos, no, tenias que bajar para que sintiera tu asquerosa presencia. - Dijo Lemunia con todo el desprecio que pudo.
- No habría bajado si no fuese por tí.
- Que pena que no quiera verte.
- Entonces... ¿Para que has venido?
- Para terminar con esto de una vez por todas... - El odio de sus ojos parecía más debil por instantes.
- Sabes que no te detendría si así lo quieres, nunca lo he hecho, has podido matarme en cualquier momento, no te habria detenido, pero no lo hiciste. Ni cuando Keith apareció, ni en la pelea de Arkangel, ni en Tol Rauko cuando pudiste rematarme antes de llevarte a Cosmos, ni en Silvania, donde lloraste mi ida...
- Maldito...
Pero no se movía, seguía intacta, tan bella como la primera vez, tan sombría como la mismisima noche, quizás dudaba...
Solo se escuchaba silvar el viento, con el romper de la olas de fondo, pero aunque Lemunia no se movía, y no se escuchaba nada fuera de lo normal, sentí que algo empezaba a ir mal. Cuando de repente, unos cascabeles sonaron detrás de mi. Sabía perfectamente lo que era, o mejor dicho quien era, y para ser sincero, nunca era buena señal que ella estuviera cerca... Pero de repente, algo en su cara cambió, podía leer su rostro y sus movimientos mejor que los mios, el tiempo junto a ella me lo había permitido, y posiblemente el que he estado separado más todavía. Parecía reflejas una mezcla de terror, pasión, tristeza, cariño. Tonto de mí, como no me podía haber dado cuenta de lo que estaba pasando.
- NOOO!! ALEXES!!- y de repente utilizando teletransporte aparecí entre él y Millenium, y por supuesto no se le pueden dar tantas facilidades a alguien como ella. Una espada me atravesaba el pecho, y Millenium simplemente reía divertida, pero no era quien me importaba, quería verla a ella solo a ella, y alli estaba, confusa, con miedo, irónico ella miedo, y con los ojos más brillantes de lo habitual.
- Ups, creo que me equivoque- dijo Millenium riendo- creo que tenemos compañía- y entonces lo comprendí.
Empezaron a rodearme sombras negras, la Nueva Cofradía había llegado. No la podía ver las figuras la tapaban, la habían dejado fuera del circulo a ella y a Alexes.
- Esta vez no tendrás la misma suerte, ebudan- dijo con asco una de las figuras presentes, más exactamente pude reconocer la voz de Keith- Doriam, empieza.
Doriam Dee empezó a murmurar algunas palabras, posiblemente nada bueno. Pero todavía tenía una última baza. Y de esta forma les pedí ayuda por última vez.
Muchos años atrás todo había sido preparado para este momento, aunque cada uno buscaba su propía gloria o la de sus superiores, todos habíamos tenido un enemigo común, la Nueva Cofradía, y antes de partir, todos pusieron un poco de sí mismos para que llegado el día, en cierto modo, estar presentes en la batalla. Y ese día había llegado.
El suelo empezó a temblar, y luces empezaron a brotar de él, y alli estaban, o por lo menos una parte de ellos, mis compañeros, nuestros amigos.
- Creí que este día no llegaría nunca- decía Janfri con una sonrisa.
- Si, estaba falto de acción ultimamente- se lamentaba casi Almar.
- Recordad que no tenemos mucho tiempo- senteció Mitsumy.
Y de esta forma la pelea comenzó. Millenium desapareció de mi lado, no sabría decir con exactitud a donde, pero las llamas delataban con quien peleaba. De esta forma mi herida quedó abierta, sangraba abundantemente, y no sabía porque, pero no podía detener la hemorragia. Como pude me incorporé y simplemente empecé a avanzar hacia ella, como un zombie, como un cazaador atraido por la presa... no, más bien como un animal que sabe que se dirige a la trampa, pero aun así lo hace. Ella estaba inmóvil, con las manos en la cara como si no quisiese ver. La pelea se intinsificaba por momentos, pero estaba tranquilo, no eran mis amigos los que luchaban, solo su recuerdo en Gaïa, una parte de ellos. Una magía muy poderosa concedida por los Beryl como un favor especial, pero nada es gratis, a cambio ellos serían olvidados de la historia de Gaïa.
Yo seguía avanzando, con una mano extendida, ayudandome con mis alas para avanzar, cuando de pronto, pasó lo que me haría feliz, ella extendió su mano, esperando encontrarse con la mía, pero...
- LEGNA CUIDADO!!! - pero era demasiado tarde, Keith estaba delante mía, y estaba utilizando la Espadas Infinitas, mi fin estaba cerca... En un momento comencé a notar como mi cuerpo era cortado innumerables veces. Mi vista se estaba nublando, el dolor era enorme, y cuando creía que le había fallado una vez más. que no podría llegar a su mano. Fué su mano la que llego hasta mí. Estaba a mi lado, abrazandome, protegiendome. En aquel momento dejé de sentir cualquier dolor, solo la sentía a ella, la calidez de su piel, su tacto al que mi piel se estremecía al sentir y a la vez era tan familiar, su olor mágico... Y cuando nos dimos cuenta, estabamos en el suelo...
- ¿Por qué lo has hecho, no tenías que hacerlo?- le susurraba al oido.
- Eso mismo me pregunto yo... ¿por qué lo he hecho?... pero supongo que es tarde no...
- Puede ser
- ¿Por qué siempre acabó así por tí? - me sorprendió ella.
- Ojalá tuviese respuesta a esa pregunta... pero simplemente te amo demasiado como para querer responderla...
- Amor... irónico....
- Te... quiero... -dije en un último esfuerzo.
- Y yo mi pollo con alas... - y eso fué lo último que escuche.

NARRADOR ALEXES.

La pelea era caótica, pero de repente la sombras empezaron a desaparecer, algunas capas estaban en el suelo.
- ¿Se ha acabado?- Se escucho a Alexander.
- Eso parece, aunque no logramos vencer a todos - dijo Janfri.
- Es normal, no tenemos plenas fuerzas en estas circunstancias- puntualizó Almar.
Pero no me importaba si había acabado o no, solo quería saber donde estaba mi padre, como se encontraba... y entonces lo ví. Estaba en el suelo, con un charco de sangre bajo él, con una mano agarraba otra de mi madre, y la otra estaba en su cara. Me acerque corriendo, y cuando iba a comprobar si estaba vivo, Elda me paró y negó con un movimiento de cabeza. Fué entonces cuando fúe la mía, la que empezo a dar vueltas. No podía ser, no otra vez.
Todos se pusieron en circulo alrededor de los dos cuerpos inertes y de mi.
- Alexes...- era la voz de Elda- por favor permitenos...
- ¿Que vais ha hacer?, REVIVIRLO!!
- No podemos, su precencia en este mundo ha sido muy fuerte, es imposible que en este estado lo hicieramos, además... no hace falta de todos modos...- dijo Elda con un tono triste en su voz.
-¿Por qué?
Y de repente una luz más intensa que cualquiera apareció, era cálida, agradable, solo podía ser una persona... Era él, Meord.
- Lo siento querido Alexes, pero escucha esto y entenderás... "En está isla empezará y en la misma terminará, una y otra vez... durante toda la eternidad... ellos se amarán, un amor tan puro como la mismísima C´iel, y después se odiarán, con la fuerza de Gaira. Por el resto de la eternidad, ellos se encontrarán una y otra vez, y siempre se reconocerán. Esta es tu maldición Legna Rhem Uotih". La maldición de Eljared...
Y mientrás Meord pronunciaba esas palabras, los cuerpos de mi padre y mi madre se fueron desvaneciendo en mariposas de luz... unas blancas como la nieve, y otras negras como el azabache. Ascendían formando una espiral entremezclandose, hasta perderse en el cielo. Fué lo más bello que jamás había contemplado, y en cierto modo, sabía que los volvería a ver.
- Hasta pronto papa, mama...