lunes, 6 de junio de 2011

La llegada de Angeline

Estaba cazando como de costumbre, en el bosque escondido entre los matorrales, con mi arco preparado, apuntando a un conejo. Esperé el momento justo para soltar la cuerda, expirando, como me habían enseñado. Rápidamente se escuchó el impacto, había conseguido mi comida al primer intento, no estaba nada mal, de esta forma tendría tiempo de leer o dar una vuelta. Fui a soltar el conejo en mi cabaña, cuando me di cuenta de que algo estaba mal, la ventana estaba abierta y yo nunca habría cometido ese fallo. Deje mi presa escondida cerca de la cabaña, y reptando me acerque . Me asome un poco por la ventana y vi una figura de espalda, parecía una mujer, por lo menos la forma del cuerpo lo era y su pelo era largo y rojo. Aprovechando que estaba de espalda me incorporé y la apunté con mi arco y di el aviso:

-Levanta las manos y date la vuelta despacio, no quiero hacerte daño, pero tendrás que decirme que haces en mi hogar.

Levantó las manos y se dio la vuelta. Era bella, joven, de mi edad más o menos, estaba pálida, sucia, parecía que llevara deambulando por el bosque mucho tiempo.

-¿Eres el dueño de la cabaña?, lo siento...- dijo con voz tímida- Hace días que no como y solo buscaba algo de comida, me iré enseguida y perdón por intentar robarte.

Su voz era suave, no suelo tener mucho trato con la gente pero en su mente vi algo que hizo que pudiera confiar en ella, tampoco era una humana normal, tenía algún tipo de poder según había podido ver. Además viéndola más de detenidamente, no podía negar que me gustaba. Baje el arco y guarde la flecha.

-No te preocupes, te entiendo, no es fácil sobrevivir por estos bosques. Puedes quedarte, he cazado algo antes, puedes comer conmigo... si quieres claro...
Creo que tendría que estar yo un poco rojo, porque con una risita tímida ella aceptó la invitación.

-Por cierto, mi nombre es Verni, ¿y el tuyo?- dije para aliviar el ambiente.
-Angeline- dijo sonriendo.

La historia de Verni. El comienzo

Mi nombre es Verni, mi historia comenzó hace ya muchos años en un pequeño pueblo de Nanwe. Al principio todo era normal, corría y jugaba por las calles de la aldea con los demás niños, pero un día el grito ahogado de mi madre me despertó. No sabía lo que pasaba, pero mi madre salió corriendo de mi cuarto, mi padre se asomó e imito a mi madre. Empecé a llorar, mis padres se asustaban de mi, de su propio hijo. Hasta que entró mi abuelo y me llevó con el. Desde entonces me he criado bajo su tutela, y no tarde mucho en descubrir porque mis padres huyeron aquel día...

No soy lo que se puede decir una persona normal, mis pies no siempre son pies, digamos que algunas veces son garras, y me salen alas... Mi cuerpo puede cambiar y desarrollar estas aptitudes excepcionales, mi abuelo dice que somos conocidos por el nombre de “Cambiantes”. El también lo es, pero el no tiene alas, sin embargo, pese a su edad no he visto a nadie más rápido y ágil que el.

Mi abuelo y yo vivíamos en una pequeña cabaña en medio del bosque, allí me entrenaba y me educaba dentro de sus posibilidades. Además cuando tenía 10 años empecé a desarrollar otra aptitud de la que nunca le había escuchado hablar a mi abuelo. Empezaba a escuchar sus pensamientos sin querer, siempre tuve miedo de decírselo, fuese a ser que se enfadara y me abandonara, y era lo único que tenía por aquel entonces.

Hoy tengo 17 años, mi abuelo murió hace 1 año, ha sido un duro golpe para mi, pero el me enseño a ser fuerte y a valerme por mi mismo. Se cazar, esconderme, fabricarme mi propia ropa, todo lo necesario para no alejarme del bosque. Entiendo que los humanos normales me tengan miedo, yo en su situación también lo tendría. Por eso evito las aldeas o el contacto prolongado con personas. Además, no me gusta lo que piensan muchos de ellos.