Estaba cazando como de costumbre, en el bosque escondido entre los matorrales, con mi arco preparado, apuntando a un conejo. Esperé el momento justo para soltar la cuerda, expirando, como me habían enseñado. Rápidamente se escuchó el impacto, había conseguido mi comida al primer intento, no estaba nada mal, de esta forma tendría tiempo de leer o dar una vuelta. Fui a soltar el conejo en mi cabaña, cuando me di cuenta de que algo estaba mal, la ventana estaba abierta y yo nunca habría cometido ese fallo. Deje mi presa escondida cerca de la cabaña, y reptando me acerque . Me asome un poco por la ventana y vi una figura de espalda, parecía una mujer, por lo menos la forma del cuerpo lo era y su pelo era largo y rojo. Aprovechando que estaba de espalda me incorporé y la apunté con mi arco y di el aviso:
-Levanta las manos y date la vuelta despacio, no quiero hacerte daño, pero tendrás que decirme que haces en mi hogar.
Levantó las manos y se dio la vuelta. Era bella, joven, de mi edad más o menos, estaba pálida, sucia, parecía que llevara deambulando por el bosque mucho tiempo.
-¿Eres el dueño de la cabaña?, lo siento...- dijo con voz tímida- Hace días que no como y solo buscaba algo de comida, me iré enseguida y perdón por intentar robarte.
Su voz era suave, no suelo tener mucho trato con la gente pero en su mente vi algo que hizo que pudiera confiar en ella, tampoco era una humana normal, tenía algún tipo de poder según había podido ver. Además viéndola más de detenidamente, no podía negar que me gustaba. Baje el arco y guarde la flecha.
-No te preocupes, te entiendo, no es fácil sobrevivir por estos bosques. Puedes quedarte, he cazado algo antes, puedes comer conmigo... si quieres claro...
Creo que tendría que estar yo un poco rojo, porque con una risita tímida ella aceptó la invitación.
-Por cierto, mi nombre es Verni, ¿y el tuyo?- dije para aliviar el ambiente.
-Angeline- dijo sonriendo.
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